Críticas

Ataque diabólico de Bret I. Gordon (1958)

Ataque diabolico 1Crear vida, con el solo objetivo de desafiar la  Creación, era el plan perfecto de muchos científicos locos de los años 50. Sin embargo, ese no es el cometido de Sr. Franz (John Hoyt), adorable anciano a quien la soledad ha convertido en un monstruo. Obsesionado con los muñecos y con la pequeña utilería que los acompaña, cuya amplia colección guarda celosamente en su tienda, este mad doctor pretende fundar una pequeña compañía de títeres humanos para solventar la enormidad del sentimiento de abandono que lo mueve. Su desafío se encuentra en el terreno de las tribulaciones de la psique humana, así como la esencia argumental de este filme Ataque diabólico de Bret I. Gordon (1958), que explora desde el fértil panorama de la ciencia ficción, la dualidad del ser humano haciendo una relectura fílmica del extraño caso de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde.

La película narra la historia de Sally (June Kenney), una joven sin familia que llega buscando trabajo a la oficina del Sr. Franz. El científico le ofrece condiciones inmejorables pues su circunstancia también de solitaria, la convierten en la candidata perfecta para un puesto donde las personas desaparecen inexplicablemente cada cierto tiempo. Bob Westley (John Agar) un comercial de San Luis aparece en escena, mientras Sally comienza a sospechar que no todo en su jefe es candidez y bondad. Sally y Bob se enamoran, pero su amor tendrá proporciones diminutas. Inspirado en el efecto que produce en la imagen de su retroproyector el juego con las distancias de proyección, el científico intuye que un aparato similar que funcionara con vibraciones de alta frecuencia, podría romper la estructura molecular de los seres vivos para proyectarlas luego del tamaño deseado. Un simple y obtuso paralelismo que queda para la historia de la tecnología de la ciencia ficción.

Ataque diabolico 2Realizada en el corazón dorado de la década más fantacientífica de la historia del cine norteamericano, el filme es una pieza de entretenimiento bastante llamativa. Aunque presenta un acabado mejorable sobre todo en el acápite actuaciones, su mayor atractivo radica en las múltiples lecturas que propone este sombrío anciano, arquetipo de abuelo afectuoso, personaje inquietante y con algo de subterráneo en esa relación cuasi infantil con los monigotes. Un hombre visiblemente trastornado como el Dr. Jeckyll que esconde a un misántropo Mr. Hyde, cuya relación con el mundo se reduce a su tienda de muñecos donde ejerce una violencia sicológica de una sádica ternura con su pequeña troupe.

Páter amadísimo, a la vez sobreprotector y autoritario, hay una cualidad alegórica en este personaje que lo colocan en una segunda lectura como un signo de la sociedad en sus funciones castrantes de la individualidad y el libre albedrío. El considera que está haciendo un enorme bien a sus pequeños seres liberándolos de la carga que constituye la propia vida. Les ofrece todo lo que se supone deben desear:  unos cuantos momentos de esparcimiento, alimento, abrigo y una especie de hibernación que ocupa el lugar de las responsabilidad y los deberes del hombre para con su sociedad. Es en parte este autoritarismo paternalista, esta distorsión mental en el funcionamiento cotidiano de un individuo que se considera apto para manejar las vidas de otro, su frustración ante el rechazo de sus marionetas humanas, el mejor perfil de un filme que por otro lado hace un modesto despliegue de las claves temáticas visuales de la ficción de miniaturas como: la enorme utilería, los animales feroces o el peligro que tienen los objetos y situaciones más cotidianos cuando presentan proporciones enormes.

Ataque diabolico 3Bret I.Gordon, prolífico director de ciencia ficción, tenía un gusto especial por las criaturas sobredimensionadas como atestiguan en su filmografía piezas como El principio del fin (1957), La guerra de la bestia gigante (1958), La tierra contra la araña (1958), El pueblo de los gigantes (1965) o El asombroso hombre creciente (1957) al que le rinde homenaje con un fragmento proyectado en un cine a cielo abierto.  Aprovechando el éxito que constituyó  El increíble hombre menguante de Jack Arnold (1957) se aventura con el que constituye el primer filme de la productora Alta Vista. Pieza artesanal, sencilla Ataque diabólico es un pieza de culto en esencia por la riqueza del personaje del Sr. Franz, no obstante haber quedado su proyección trunca en un guion que no explota todas las posibilidades truculentas que ofrece la misantropía de este mad doctor.

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