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Segundo Tercio: Instrucción

En el desarrollo del tercio que nos ocupa podemos observar como continúa desdibujándose el nivel comunicativo, de forma que la narración se sostiene sobre una representación cada vez más artificiosa que decantará en un último fragmento estructurado por completo sobre imágenes simbólicas y un paralelismo visual de gran complejidad semántica. Finalizado el fragmento anterior, observamos a la protagonista, en un plano que traduce una fuerte lucha interna. Reflexiva y meditabunda en un espacio exterior (Figura 7) todo cambiará para Kris cuando conozca a Jeff.  La función de este personaje será desafiarla, como apuntaba Emerson “a decir verdad, no es instrucción, sino provocación, lo que puedo recibir de otra alma”.[1] Jeff, personaje interpretado por Shane Carruth, se constituye en el nivel comunicación como una relación emocional, pero su verdadero carácter radica en el simbolismo que tiene asociado. Para Kris será guía y reto, el impulso para transitar del camino de la intuición que ha sido abierto para ambos, a la instrucción.  A través de una compleja red de acciones simbólicas se desarrolla la lucha interna que constituye para estos personajes reestructurar sus fundamentos identitarios. Encontrar la confianza perdida y utilizar el conocimiento que ha sido depositado en ellos como inspiración, es la acción inicial de ese segundo proceso sobre el que se construye el pensamiento, la conversión.

Puede apreciarse en este tercio intermedio que se refuerza y completa la dimensión simbólica de la mano como instrumento de aprehensión del entorno. Herramienta fundamental de comunicación del individuo con su medio y vehículo de conexión metafísica. De igual forma, se amplían las nociones sobre la violencia a través de la figura de El Muestreador, quien vera amplificada su participación y sus predios semánticos observable en la extraña relación de ubicuidad que mantiene con sus muestras, su función censora castrante de lo diferente, las sutiles cuerdas de un miedo metafísico, que activan sus acciones en el interior de la granja, provocando en los personajes una huida ininteligible y la noción abstracta de un terror imaginario.

 Las acciones que mueven esta fracción del metraje se podrían agrupar en tres grandes bloques. Primeramente, se profundiza en esta nueva relación de la protagonista y la figura de Jeff. Como personajes, no se profundiza en una caracterización que los convierta en individuos únicos, sino que continúan habitando un perfil universal. El guion les otorga características que permitan articularlos en el contexto de forma imparcial, pues su función primordial continúa siendo la trasmisión de un mensaje codificado. Todo el sistema inicial de relaciones que los vincula se sustenta sobre hechos inconexos que responden a una construcción narrativa elíptica. En segundo lugar, la ampliación en la caracterización de El Muestreador que hemos de señalar que ocurre de forma paralela y por último los acontecimientos catárticos con que se apura esta lucha simbólica entre los personajes y el peligro indefinido que los amenaza. Podríamos afirmar que, a partir de este fragmento, sin proponernos establecer un límite cerrado, la imposibilidad de realizar una lectura narrativa ortodoxa es total pues el nivel figurativo solapa toda acción, siendo imposible una justificación lógica a la mayoría de los eventos.

Como podemos observar en la figura 7, el plano frontal de la protagonista se encuentra montado en paralelo con un plano de Jeff esperando el metro. Su rostro, visto lateralmente, nos ofrece un semblante reflexivo. Ambos están solos. El proceso inicial de conversión se sostendrá sobre su capacidad para ir desarticulando las justificaciones de Kris para no salir del estado que le ha asignado la sociedad. En la misma medida que profundizan su relación, comienza a instalarse una crisis en sus correlatos animales que afectará los predios que habitan. Los cerdos que funcionan como espejo de sus conciencias, de la parte instintiva, que están cuidadosamente vigilados. La decisión de montar este proceso de conversión sobre una relación de pareja, no debe condicionar la interpretación a un reduccionismo emocional, pues esta aportación del director está más vinculada con una conexión espiritual, universal entre los individuos en la cual la sexualidad adquiere una connotación metafísica, que desborda el referente concreto. De igual forma, la débil nota verosímil que intenta mantener el filme por momentos, se propone más asimilable cuando se monta la situación sobre una relación emocional.  Tampoco hemos obviar la posibilidad de que sea una aportación del director darle una connotación singular al amor, como sentimiento universal.

El inicio de esta relación tiene como locación el metro, un espacio cerrado, estandarizado, construido desde una visualidad de geometría repetitiva que desde el primer momento se vincula a la granja. Varios planos similares en su composición visual, dos de la entrada de un cerdo en la granja y uno del metro donde podemos ver a Jeff sentado al fondo (Figura 8) corroboran esta relación y son un indicio de la condición de este personaje. La granja, es el espacio social, ambos están dentro, pero se encuentran en ese proceso inicial de conversión donde deben reconquistar la confianza en sí mismo para poder llegar al estado ideal. Ambos han depositado su instinto natural, sus correlatos animales, en los predios de El Muestreador y permanecerán bajo su influjo hasta que no alcancen al último estadio de la transformación.

La primera secuencia donde los encontramos juntos es en un café. Una elipsis deja a cuenta del espectador sus primeras palabras. El diálogo que entablan sugiere que Jeff se le ha acercado interesado en su trabajo. No tenemos información respecto el tiempo transcurrido desde el suceso de separación del mundo. Un indicio, en una segunda escena en otro café, nos da señales de lo ocurrido. Ambos se encuentran, Kris extrae de su bolso varios frascos de píldoras. En un diálogo expresa: -Me las diagnosticaron hace un año-. Jeff no sabe qué hacer. Ambos se han reinsertado en la sociedad de forma diferente, ella ha sido diagnosticada, su extraña situación se ha convertido en enfermedad; él aún se resiste a dejar atrás la realidad que le han extirpado.

Puede afirmarse que la relación entre los personajes protagonistas es totalmente emblemática. Como es posible observar, todas las conexiones que durante este tercio tienen, se presentan en forma de acciones inconexas, incompletas, fragmentadas y determinadas por la función figurativa que hemos ido refiriendo o nuevas alegorías que detallaremos en lo adelante. Cabe destacar secuencias que retoman la noción circular del conocimiento y la vida, tales como el fragmento donde Jeff realiza la acción maquinal de retirar el envoltorio de unas pajillas y hace cadenas de papel con ellos. Las secuencias paralelas donde ambos recogen y contabilizan pequeñas perlas de cristal o piedras, Jeff mientras trabaja; Kris en una piscina que se repetirá como locación de la secuencia definitoria donde la protagonista alcanza la iluminación. Es la piscina un espacio simulado, en ella la joven busca pequeñas piedras en el fondo. Se sumerge, las recoge y los coloca en el borde. Es un espacio interior, poco iluminado, solo una luz fuera de foco intensa como un sol que se puede observar desde distintas posiciones.

Jeff por su parte desarrolla su actividad en el contexto que le es propio. Administrador en una gran corporación continúa simulando que trabaja, intenta engañar a Kris como lo hace consigo mismo.  Al final ha quedado al margen. Él está tan perdido como ella, aunque es más activo pues rechaza la medicación que Kris propone como la salvación durante unas semanas. Ambos están extraviados de diferente forma, solo a través de la provocación mutua podrán escapar del estado de hipnosis en que se convierten sus jornadas laborales y su propia vida. Deambulan entre máquinas de impresión, remachadoras, mecanismos y acciones cuyos ecos al igual que el rumor del agua que cae de los grifos, los convierte en sonámbulos regidos por la monotonía de los sonidos.

Hemos de observar que el estado de nuestros protagonistas tiene un origen dual. Es un conformismo interno determinada por una conexión externa que regida por una sonoridad natural. Montadas en paralelo se encuentran las acciones de El Muestreador, que como un Dr. Caligari rige la vida de sus muestras mediante los sonidos. Estudioso de las resonancias de la naturaleza continúa en este tercio las acciones de grabar, recrear y manipular los diversos motivos sonoros que puede extraer del mundo natural. El sonido de las hojas secas batiéndose al viento, ecos en un túnel, piedras que caen en diferentes posiciones, pequeños muros simulados que se derrumban, el rumor de las aguas de un río.  Sonidos que difieren de los que emite la vida doméstica, urbana donde hemos visto a los protagonistas, pero comparten la característica de ser artificiales.

La relación de todos los personajes con el sonido, así como la importancia de la banda sonora en este filme, es capital. Galardonada en el Festival de Sundance en el 2013 con el Premio Especial del Jurado por mejor diseño sonoro, fue compuesta por el director junto Johnny Marshall y Pete Horner. Está conformada por 15 temas cuyos nombres constituyen sentencias que propician todo un universo interpretativo[2], además de remitir al estilo literario propio del siglo XIX y los trascendentalistas. El sonido en sí, es de suma importancia en el universo de Walden, apareciendo la palabra y sus derivados un total de 22 veces en el texto. Refiriéndose al sonido del viento expresa Thoreau: “…A una distancia suficiente, en los bosques, este sonido adquiere un timbre vibrante, como si las agujas de los pinos que se alzan en el horizonte fueran pulsadas como cuerdas de arpa. Todo sonido percibido a lo lejos produce igual efecto, una vibración de la lira universal, comparable a la que causa la atmósfera cuando llena de interés los confines remotos a la vista, teñidos de azul en la distancia…”[3] Es esa vibración universal lo que vincula a los personajes con el sonido y entre ellos a través de una música que es concretamente inaudible. Kris y Jeff se conectan de una manera muy particular con los sonidos de todos los objetos que lo rodean, los vincula con El Muestreador y este a su vez los utiliza como una suerte de melodía instintiva para domesticar a sus muestras a través de la manipulación. Lo que ofrece en este aspecto es falso y manipulado. Utiliza sus grabaciones como cantos de sirena para engañar a los navegantes que, perdidos, intentan encontrar esa conexión individual y espiritual con su correlato animal, sin mediaciones.

La importancia de los sonidos naturales como vehículo de conexión mística con esa parte instintiva, como medio para llegar a la divinidad del hombre podríamos resumirla con otro fragmento del texto antes mencionado. “…En medio de una suave lluvia, en tanto prevalecían estos pensamientos, me di cuenta de pronto de la dulce y beneficiosa compañía que me reportaba la Naturaleza misma, con el tamborilear acompasado de las gotas y con cada uno de los sonidos e imágenes que arropaban mi casa. Era una sensación de solidaridad tan infinita e inefable, cual atmósfera que me guardara en su seno, que hacía insignificantes todas las ventajas imaginarias que pudiere comportar la vecindad humana, en las que no he vuelto a pensar ya desde entonces…”[4] Cuando somos capaces de escuchar el sonido de la Naturaleza somos uno con nuestro instinto y lo que en un momento pudo ser extraño, se vuelve familiar y cercano.

El sonido en el filme acompaña la conexión instintiva entre todos los personajes. El Muestreador simula sonidos que luego usara para mantener a sus muestras conformes dentro de la granja y los sonidos monótonos del ambiente laboral de nuestros protagonistas los mantienen hipnotizados. El sonido es un atributo místico de la naturaleza, que es utilizado por esta entidad utilizado castrante por su capacidad de domesticación del ser humano, su cualidad lenitiva. No obstante, es la intención de Carruth que los personajes se liberen y para ello articula una secuencia donde luego de una sinfonía de maquinarias y naturaleza que se propone como una conexión autoritaria y alienante, Kris en un accionar emblemático corta el hilo de una de las máquinas de costura, escuchando el corte El Muestreador, quien ha estado haciendo su labor de grabación. Podemos observar su reacción contrariada en un espacio natural -totalmente alejado del que ocupa la protagonista- provocando que arroje todas las hojas que había escrito, todo lo que había registrado hasta el momento al río. Entre ambos han roto la conexión con esta figura dominante, derivando la atención del individuo hacia sí mismo.

Otro perfil de este personaje que se amplía en este tercio, es esa simbología que lo ubica como un ente gregario que se ocupa de insertar a sus muestras en este granja-sociedad y con ello, de mantenerlas vigiladas, aunque sin mediar favorablemente en su destino como individuos. A partir del minuto 40 podemos observarlo una secuencia en la cual la mano adquiere toda su significación como elemento emblemático. Todo comienza en una vigilia desde la torre de control de la granja donde se encuentran los cerdos, la naturaleza humana encerrada en los predios finitos del constructo social. Es para este personaje la mano un medio de comunicación, extendiéndola puede conectarse con todo aquel que hace sido mediado. Su ubicuidad le permite estar en múltiples espacios al mismo tiempo conectándose con los humanos que corresponden a cada cerdo. Dos hombres en una oficina, uno manejando un vehículo, una mujer comiendo sola, una joven inmóvil observa un escaparate donde permanece un maniquí muy similar a ella misma. Los cerdos son la conexión metafísica con los humanos. A través de ellos y con solo extender su mano, puede ver a sus correlatos humanos, todos seres solitarios, conflictuados, incompletos. El Muestreador es un mediador pasivo, no influye en sus víctimas de forma favorable, no resuelve conflictos, no provee medios para que el individuo pueda labrar su propio estado ideal. En los casos más desafortunados, su intervención solo será violenta y se efectuará si alguien intenta salirse de los moldes preestablecidos para la convivencia en la granja. En la secuencia de la pareja en conflicto, podemos notar su función de acompañante, pero no de guía. Su labor junto al cerdo que es correlato del joven esposo, es de cuidado pasivo o vigilancia activa. Está presente en todos de forma castrante como observador cuida que una catarsis, un enorme problema que puede resultar alienante, no concluya siendo un acto liberador para el individuo.

Todos los personajes de este tercio están imbuidos en esa especie de aura sonora que rige el universo metafísico y concreto de El Muestreador. Posterior a la secuencia de la pareja, volvemos a la pareja protagonista que entra en un estado de evasión mental. Se percibe una urgencia en ambos que se comunicación con los ojos. Pareciera que un peligro ininteligible se ciñe sobre ellos. Profundizan la relación mientras juegan a analizar a las personas en el metro, reconstruir sus vidas desde la imaginación.  La comunicación se torna más sincera hasta catalizar cuando consuman su relación. La secuencia termina por vincular ambas parejas de humanos y animales, siendo este fragmento la alegoría de ruptura definitiva.

La locación inicial es la casa de Kris, no obstante, mediante el contacto físico ambos llegan a alcanzar esa capacidad de ubicuidad que era hasta el momento patrimonio de El Muestreador. Tendidos en una cama, tenemos la confirmación del estado de Jeff en un plano detalle donde vemos en sus pies el agujero por donde le ha sido extraído el gusano. Se abrazan y sus cuerpos tendidos (Figura 9), aparecen en el centro de la granja, entre los cerdos. La experiencia física y el conocimiento han labrado en ambos, la capacidad de sentir la confianza que les faltaba para continuar con el proceso de transformación. Hemos de señalar que, como es obvio, este evento no es del agrado de El Muestreador quien, propuesto como mediador de esta comunión espiritual entre hombre y animales, ve su función interventora en peligro. Ya no es necesario pues el conflicto que presentaba la pareja respecto a su reinserción va diluyéndose a la par que la sinceridad entre ambos crece. La conexión, amplifica y redimensiona, su capacidad de conexión individual consigo mismos y con su entorno.

El puente final hacia la aversión que propone Carruth está montado sobre un críptico evento, del cual hemos de subrayar que la noción de fertilidad –encerrada en el filme en un evento concreto- debe ser entendida como fecundidad espiritual y física que surge de la mente de la protagonista. En su camino al conocimiento de sí mismo y de su entorno, Kris y Jeff inician un intenso intercambio de recuerdos y vivencias idénticas descubriendo que ambos, en cierta medida, son lo mismo. Sus vidas se confunden, sus pasados se mezclan creando por momentos un recuerdo único para ambos. Pletórica con esta relación de verdadera conexión espiritual y a través de la cual ha sido capaz de encontrarse, Kris comienza a sentir que está embarazada, pero en realidad es su correlato animal. La pareja de cerdos, que también han concretado una relación, pone en crisis la estabilidad de la granja.

Para la pareja humana y animal, esta fecundidad se convertirá en un profundo trauma. A la Kris humana le ha sido extirpada toda posibilidad de creación de vida, es un ser incompleto. Sobreviviente de cáncer endometrial, sus funciones reproductivas están sumamente dañadas, ha sufrido una herida física de la cual, extrañamente no sabe nada. Está totalmente ajena a su infertilidad o esta incapacidad de dar vida que se ha desplazado al animal, que es ella misma dentro de la granja. La fecundidad de la relación que tiene con Jeff, no se verá objetivada en los predios que abarcan estos individuos mediados socialmente, en estado dividido. Su fecundidad es propiedad ahora de los cerdos que ponen en crisis la granja y llevan a El Muestreador a tomar medidas extremas. El resultado de la relación de provocación entre ambos personajes, el fértil intercambio que tienen, es cortado en la proyección espiritual de la granja. Los frutos salvajes de esta conexión: los cerdos recién nacidos, serán asesinados y arrojados al río para que con su putrefacción abonen el ciclo que hemos descrito anteriormente.

El final de este tercio es la concreción narrativa de la conexión entre la pareja de animales y humanos. Adquiere aquí el nivel simbólico su sentido as obvio, pues vemos en paralelo como la crisis compartida genera una profunda aversión en ambos espacios, el artificial que habitan los humanos y el natural que habitan los animales. Kris sale profundamente desconcertada del centro médico, Jeff comparte su desazón y la busca desesperadamente. La trama que lo impulsa es totalmente cerebral. Los persigue algo que desconocen, un miedo metafísico, una violencia que objetivamente encontramos en el mundo animal donde están siendo cazados los frutos de la instrucción. Hemos de sostener que esta entidad alegoría de lo social que en un momento se presentó como una opción amable y liberadora, al desbordar los jóvenes con su relación los moldes propuestos, se ha convertido en un entelequia autoritaria y opresora que necesita eliminar cualquier reducto de originalidad, de pensamiento divergente o individualista con el objetivo de mantener a salvo la manada.

A la par que se procede a la caza de los pequeños cerdos, se montan una serie de imágenes iterativas, monótonas provenientes de los lugares de trabajo de ambos. Actúan como si ellos fueran los que están siendo cazados, se rebelan, se pelean y veremos como el paso que abrirá el camino a la aversión, está minado de violencia tanto a nivel conceptual como físico.  Rechazan su presente, se buscan y huyen. El miedo los lleva a refugiarse en el hogar de algo intangible, esa violencia subliminal que sienten mientras que el vigilante de la granja ofrece la cara más amarga de su función censora. Está dispuesto a todo para mantener el orden, inclusive a rechazar los beneficios económicos que podrían rendirle los cerdos, si los pusiera en venta tal y como le sugiere un vecino. Son fruto de un pensamiento divergente, de una unión profunda, de la provocación y el reto, por tanto, deben morir.

Los pequeños cerdos son cazados y arrojados a un río, donde será su putrefacción el abono para que las orquídeas cambien del color blanco al azul y crezca el gusano en ellas. Estas serán colectadas por un vivero de plantas exóticas y allí llegará El Ladrón para comenzar el ciclo.  Para los protagonistas humanos, esta acción desencadena esa lucha sin razón aparente, que en la granja será el cierre del ciclo que da vida al gusano. La muerte de la rebelión, la muerte del pensamiento individual, de la provocación directa entre individuos que no da cabida a la estandarización que pretende la sociedad. Cierran este tercio ambos refugiados en una bañera, mientras podemos ver como el costal con los cerdos muertos fluye río abajo para encontrarse con las orquídeas blancas. El ojo del cerdo – ese primer círculo que además lo verá todo hasta que el protagonista alcance la aversión final-, junto al saco y las orquídeas serán los tres planos que finalizaran el tercio. Han alcanzado el primer estado de conversión, la confianza en sí mismo para escapar de todo. La tuición necesaria, el aprendizaje que los llevará a cortar con todo lo que frena la posibilidad de alcanzar ese estado ideal.

[1] Ibídem, p. 118.

[2] Ver en anexos el listado de títulos.

[3] Henry D. Thoreau, (1854). Walden, la vida en los Bosques. Jorge Lobato (Trad.) España: Lectulandia (Epub) p. 135

[4] Ibídem, p.145.

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