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Tercer Tercio: Aversión

El último tercio del filme se propone como el proceso final de la conversión, el tránsito de la confianza en sí mismos al estado final de aversión. En el nivel comunicacional, hemos de señalar que todas las acciones carecen de una lógica tradicional, pues el simbolismo que hemos referido como una constante en el filme alcanza toda su dimensión en este tramo final. Iniciando en el minuto 70, podemos observar que a partir del giro conceptual que la huida de los jóvenes, un ente metafísico, un peligro cuya existencia no es posible concretar sino percibir, se apropia de los protagonistas que no tendrán un momento de paz hasta que lleguen al final de ese extraño camino de hostilidad que han iniciado.

Repetir el ciclo y quedar conformes en el espacio de la granja, un espacio hostil que ya ha dado muestras de su función castrante, no es una opción para ellos. El primer acto de Jeff, al salir de su refugio señala el camino que ambos tomarán.  Mortificados, inquietos, ella llora, él reacciona de forma violenta. Sale a un espacio exterior y con un hacha comienza a cortar el tronco de un árbol. Mientras se muestran indefensos y ensimismados los humanos, vemos en paralelo como el saco con los pequeños cerdos muertos ha recalado justo debajo de las raíces de las orquídeas.

Retoma Kris su conexión con el líquido donde están sumergidos los frutos fecundos de su relación. En el hogar coloca el tapón de la bañera y se sumerge apareciendo nuevamente en la piscina para continuar buscando piedras en su fondo. Señala Emerson que “cada genio admirable no es sino un exitoso buceador en ese mar cuyo fondo de perlas es todo vuestro”.[1] Mientras los pequeños cerdos comienzan a corromperse en el agua, escuchan extraños sonidos provenientes del fondo de la casa. Una profunda inquietud vuelve a despertar la conexión sonora inaudible que la vincula con su animal. No puede dormir y aunque Jeff todavía no lo escucha, busca junto a ella la causa de la angustia vital que los mantiene a ambos en un estado de vigilia, incompletos.

Con la muerte de los cerdos que cierra el ciclo del conformismo volvemos a la sentencia emersoniana “…como dice el viejo oráculo, “todas las cosas tienen dos partes; cuidado con la errónea”.[2] El origen del gusano que reside en las orquídeas, está en los cerdos y ese líquido azul que destilan sus cuerpos putrefactos. El inicio de la transformación, contiene esa dualidad social que implica la idea de Emerson de abrazar la sociedad para poder desarrollarnos como individuos y es muestra de que como señala Emerson todos los hombres tienen derecho a ella (se refiere al alma activa); todos los hombres la albergan, aunque en casi todos este obstruida y casi no haya nacido.[3] El ciclo del conformismo, es resumidamente, el destino de la mayor parte de una humanidad en la que se encuentra dormida es capacidad de activación divina. No obstante, es importante destacar que, en cualquier caso, se cierre o se procede a la ruptura con este ciclo inicial, la noción trascendentalista asevera que todos los hombres tienen la capacidad de superarse y de reinventarse algo que hemos venido apuntando en la caracterización del personaje principal, Kris, como alegoría de la humanidad.

Entre los peligros que acechan a los hombres que desean iluminarse, está esa cualidad humana que nos remite a las nociones de recepción emersoniana que antes hemos mencionados. Esa cualidad menos hermosa de aferrarse, debemos cuidarnos de no obstinarnos en aprehender el conocimiento adquirido con demasiada fruición pues nos llevará por el camino de la conformidad. Solo cuando articulemos nuestras perspectivas en el conglomerado de ese conocimiento, inspirándonos a crear nuestra propia filosofía basada en esa comunión instintiva con la naturaleza, habremos superado el peligro y desarrollado un pensamiento aversivo.  Kris y Jeff se sumergen en una vorágine confusa de búsqueda de un sonido, que para ella es agudo, para el grave o se entremezclan. El sonido surge del líquido azul que comienzan a expeler los cadáveres (Figura 10). Es el sonido del agua que fluye, el eco de los puentes y las piedras al caer, los rumores de la naturaleza. Ambos están en las fronteras de su búsqueda intentando encontrarle el sentido a esa angustia que proviene de su interior, de sus correlatos animales, de su instinto. De la misma forma en que los sonidos de El Muestreador atraen a Kris durante el primer tercio, serán esos sonidos que emiten los cerdos muertos el hilo conductor que los conduce a la granja, cuya existencia desconocen.

Mientras lidian está contienda con lo desconocido, podemos observar paralelamente como se cierra el ciclo desde el nivel comunicacional. Conocemos el medio a través del cual llegan las orquídeas al vivero donde las recolecta El Ladrón. Una pareja de jóvenes senderistas desanda el bosque en la búsqueda de la orquídea azul. El líquido azul ya ha infestado unas cuantas, un plano nos muestra orquídeas blancas y azules (Figura 11). Seguidamente podemos ver el árbol colmado de orquídeas azules, que significarán, la posibilidad de otros muchos seres de transformarse si logran como individuos completar un proceso que, como apuntamos al inicio, no es vehículo seguro de iluminación. Con el plano de los jóvenes recogiendo las orquídeas azules de las raíces enormes de un árbol y llevándolas al vivero para etiquetarlas y venderlas, cerramos el ciclo ontológico del gusano que ha nacido de la muerte de esa fecundidad intelectual que hizo diferentes a los correlatos animales de nuestros protagonistas de la granja y que marca el carácter finito, autoritario y censor de este espacio.

A partir de este momento volvemos al lugar donde estaba ubicada la piscina que hemos mencionado en dos ocasiones anteriores donde Kris se sumerge en busca de pequeñas piedrecitas, ese fondo de perlas de conocimiento que es patrimonio de la humanidad, del hombre universal. Comienza un proceso ya evidente de adquisición final de una instrucción que los llevara a la ruptura y apropiación del conocimiento. Jeff busca a Kris en la casa, no la encuentra. Se dirige hacia la piscina y le pregunta qué hace, a lo que ella responde citando a Henry D. Thoreau.

Coinciden en esta secuencia final una serie de objetos y eventos emblemáticos que hemos ido viendo a lo largo del relato: la escritura, el sumergirse en la piscina como acción simbólica a sumergirse en el conocimiento, buscar esas piedras que serán el basamento – no la esencia- de un pensamiento nuevo, individual, propio y se recitan fragmentos literales de Walden. Kris se sumerge y encuentra cada vez más piedras, más citas de Thoreau y a través de ella Jeff, quien en un primer momento no comprende lo que dice, pero se sienta a escribirlo.

Un fragmento de diálogo reza: -Predomina el azul mezclado con el amarillo de la arena. La luz del sol y el color del agua-. Volvemos a la significación de los colores. El color del sol el amarillo es símbolo del conocimiento y cuando la orquídea tome ese color, significará que ya han sido iluminados. El color azul, es la dualidad inicial del gusano, como inicio y cierra, despertar y muerte, también en su relación con el agua dimensiona a este líquido como vehículo procesual. Sumergirse en la piscina, en la bañera, tomarla agua, son acciones parabólicas del proceso que significa imbuirse en el conocimiento, en la iluminación.

Observando las anotaciones de Jeff, Kris decide dirigirse a una biblioteca en busca de la edición impresa de Walden. Entre muchas encuentra la que utilizó El Ladrón en su secuestro, pero ella escoge otra. Podemos verla (Figura 12) en un estado catártico sentada con el libro en la mano. Un plano en contrapicado nos reafirma la enorme importancia en el filme del ideario que está contenido en este libro. Esa dimensión simbólica de este tipo de plano la utiliza Carruth para trasmitirnos la importancia superior del individuo en todo este proceso. En su planificación, sin embargo, privilegia dos planos de perspectiva donde vemos primero el libro perfectamente enfocado y al fondo del contrapicado la figura humana fuera de foco. Ese hombre pensante que es un individuo, en el cual está contenida toda la humanidad, está sobredimensionado y fuera de foco pues lo que importa en este plano es la instrucción final.

El proceso autodidacta de adquirir la confianza en sí misma utilizando las herramientas del conocimiento tradicional que la llevara acto seguido a la Aversión, está a punto de completarse.  Volvemos a verla en la piscina en proceso inverso donde es ahora Jeff quien lanza las piedras y libro en mano comienza a recitar fragmentos de Walden. Mientras Kris busca y extrae las piedras, completa los versos del libro que él lee. Ambos se complementan en el conocimiento que han adquirido. Las frases que se insertan en esta parte del diálogo podríamos decir que dibujan y cierran la ruta trascendental que hemos venido estructurando desde el comienzo. Carruth escoge pasajes que refuerzan los objetos y elementos simbólicos que ha ido seleccionando en la construcción del filme y que son parte del trauma vital de nuestros protagonistas. Esta en los diálogos la sensación más perfectible de la instrucción y redondean los significantes de una imagen que leída de esta forma adquiere una profunda dimensión trascendental.

La dimensión simbólica de la escena alcanza su punto final cuando en ese sumergirse, Kris comienza a tener las visiones de la orquídea (Figura 13). Primero ve la flor en tonos azules, luego en un tono entre azul y amarillo. Finalmente ve a las orquídeas amarillas y extiende su mano para agárralas, pero no será fácil. Al tocarlas su mente se transporta al imaginario visual y sonoro que hemos visto relacionado con El Muestreador. Tiene visiones del mundo natural. Las aferra repetidamente, pero estas visiones la asustan, hasta que finalmente puede tomarlas sin tener estas visiones violentas. En vez de aferrarse a ellas, de cerrar las manos sobre la flor de forma violenta, toma -como expresaba Emerson- esa evanescencia y lubricidad del objeto, permitiéndose deslizar entre sus dedos sobre ella sin aferrarse. Ha alcanzado lo que de divino tiene el ser humano, y a través de ella y de esta relación de desafío intelectual con Jeff, él también encontrara su parte divina.

El proceso final de la operación de conversión, la animosidad que los llevara a eliminar a este poder castrante, que se plantea desde punto de vista narrativo desde la fisicidad de un asesinato, es como ha sido todo este tercio totalmente simbólico. Su viaje comienza desandando el territorio por donde hemos visto a El Muestreador. Ambos han alcanzado su poder, aunque en el filme es Kris quien lleva el impulso de la acción. Buscan en el medio natural esos sonidos que han percibido durante todo el metraje, pero esta vez no están mediados, son ellos quienes presencian el rumor de las hojas secas de los árboles, el fluir del agua, el eco de los puentes, los sonidos de piedras que caen. Ya no hay simulación ni mediación, se han escapado de los predios finitos de la granja, de su poder castrante, para poner en marcha sus almas activas. No obstante, para poder vivir tranquilamente debe eliminar por completo esos poderes que ya han mostrado que no permiten la vida de lo divergente. Extienden sus manos para conectarse con el entorno. Llegan al buzón que indica los límites de la granja. Tiene un nombre: Valle Quinoa.

Paralelamente, mudan de locación, Jeff extiende sus manos sobre las estanterías de una tienda de discos. Descubre que existen grabaciones de una misteriosa compañía con este nombre. Selecciona todos los discos. En un plano frontal, los vemos con los discos en sus manos que se convierten en una bandeja con alimentos. Se prepara una extraña escena. Un edificio abandonado, una mesa, una silla, Jeff se dispone a comer.  Como antes hemos observado a aquellos personajes mediados realizando actividades como conducir, ver escaparates, comer, los jóvenes han preparado una escena simulada, van a representar para que el simulador aparezca. El Muestreador no lo sabe, pero a diferencia de los otros personajes que eran incapaces de verlo, Kris y Jeff han llegado a un estado de iluminación que les permitirá mirarlo a los ojos. Podría decirse que en un proceso inverso al que los vinculó con este personaje, ahora ellos son quienes lo llaman utilizando sus propios sonidos. Jeff le da la señal a Kris de subir el volumen, ambos prueban a escuchar, se encuentran en una casa. Finalmente llega, volvemos al edificio abandonado.

El Muestreador se siente frente a Jeff. Kris entra y se sienta sin mirarlo inicialmente, hasta que levanta los ojos y lo desafía. Desconcertado intenta escapar, pero es seguido por la joven. Se apoya en una pared y se deja caer en el edificio. En el plano posterior estará en la granja donde Kris le asesta dos tiros (Figura 14). Se han liberado de este poder opresivo, de este extraño demiurgo sonoro que regía con sus grabaciones las vidas de sus muestras. Ambos se apropian de los documentos de la granja y descubren los archivos donde están clasificadas las personas que han sido mediadas. Serán a partir de este momento los depositarios de una experiencia que deben compartir con el mundo. Su oficio será como el del escolar, guiar y elevar a los hombres mostrándole los hechos en medio de las apariencias. El medio que utilizarán, como mismo hizo El Ladrón, será la edición de Walden. A todos y cada uno de los seres que estaban en los archivos se les envía una copia impresa del libro de Thoreau.

Todos se apropian de su naturaleza salvaje y Kris en compañía de estos nuevos intelectuales toman la granja construyendo espacios más amigables y habitables para los cerdos que viven allí y para todos los nuevos que vendrán libremente (Figura 15). En planos paralelos podemos ver a diversas personas en su propio proceso de adquisición del conocimiento a través de la lectura. De igual forma, las jóvenes senderistas que recogían las orquídeas azules y El Ladrón, se presentan desconcertados en dos secuencias muy breves, en busca de una orquídea que ya no es azul pues la granja –la sociedad- se ha convertido en un espacio democrático y libre. Han llegado al estado ideal del hombre que piensa. Un llamado final, en clave figurada, a reconstruir la identidad americana, la identidad individual y universal, utilizando el conocimiento heredado para estructurar un pensamiento auténtico. La sociedad ideal donde cada cual toma las riendas de su vida, el instinto divino que lleva en sí mismo. La inteligencia delegada en el escolar ha sido expandida como patrimonio de la humanidad.

[1] J. Alcoriza y A. Lastra, ob. cit., p. 139.

[2] Ibídem, p. 93.

[3] Ibídem, p. 97.

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